Breve Reseña

Una historia que tiene como protagonistas a Charlotte Copperfield y a Edmund Cooper que comparten un sentimiento mutuo, el odio. Ambos se enfrentarán a una serie de situaciones que solo podrán resolver juntos. ¿Podrán aceptar sus diferencias y sus rivalidades?

lunes, 23 de agosto de 2010

Capítulo 4: La Fiesta Parte II

Holaaa!! ¿Cómo han estado? Espero que hayan tenido una estupenda semana. Yo estuve algo pegada con la canción "Airplanes" de B.o.B y la cantante de Paramore Hayley Williams, pero aparte de eso estuvo todo bien jajaja
bueno, sé que algunas están algo impacientes (agus) por leer alguna, bueno, cierta escena de la historia pero quiero que sepan que para mí es muy importante esta historia y para llegar a eso tengo que tener las cosas muy definidas y claras antes de escribirlas por eso les pido (en especial a agus) paciencia.
Como sea, este trozo es dedicado a una amiga que hoy no tuvo un muy buen día, y Charlotte tuvo uno de esos días también por eso, esto va para ti mapsita y arriba los corazones!!
L@s quiero a tod@s, y miles de gracias por seguirme!!!
---------------------------------------------------------

-¡Pi-pi-pi-pí! ¡Pi-pi-pi-pí! –sonaba mi despertador indicándome que había llegado otro día. No sé como mi despertador siguió con vida luego de que lo golpeé intentando callarlo y al no conseguirlo tirarlo y chocarlo contra la pared. Lo peor de todo es que ni siquiera logré callarlo. Cuando me levanté a apagarlo miré la hora ¡Santo cielo! Al parecer mi guerra con el despertador tardó más de lo previsto. Me metí a la ducha tan rápido que ni me había dado cuenta que el agua seguía fría hasta que me congelé entera. Luego de bañarme en la el polo ártico, me vestí con lo primero que encontré. Al no encontrar uno de los pares de mis calcetines teniendo uno puesto, tuve que ponerme otra par, de distinto color y diseño. Bajé las escaleras corriendo. Corriendo. Lo peor que se me pudo haber ocurrido en el mundo, al ir corriendo rumbo a la cocina no alcancé a frenar con anticipación y me di contra la pared. Ya lo tenía claro, el deporte no era saludable para la gente, bueno, si esa gente era como yo.

-Charlotte, ¿fuiste tú? –oí desde la cocina a Stella.

-Creo. –dije entrando sobándome la frente.

-Pero cariño, como es que te pegas tan fuerte. –dijo sacando algo del frigorífico mientras yo me sentaba en la mesa de la cocina.

-Ten. –me pasó un pañuelo con hielo a dentro. No lo quería tomar.

-¿Y?

-Es que… debe estar muy helado. –reproché y ella rió.

-Claro que debe estar helado si es hielo. –decía entre risas. Pero yo seguía sin tomarlo. –verás que feo estará cuando te salga un chichón del porté del monte Everest. –me dijo y suspiré para tomar aquel pañuelo y poniéndome en la frente.

Me comí apresuradamente mi desayuno (cereal integral con yogurt) para irme y deshacerme rápido de aquel frío anti-chichón. Luego de tocarme la frente para ver si estaba hinchada en alguna parte y comprobar que todo estaba bien subí a lavarme los dientes y a arreglarme el cabello que, al no lavarlo por estar atrasada, seguía con algunas ondas de la noche anterior, pero no se veían tan bien como antes por lo que amarré mi cabello en una coleta alta. Me puse un poco de bálsamo para los labios ya que los sentía un poco secos y corrí con mi mochila a la escuela. Mis padres ya se habían ido hace ya unos 20 minutos antes de que me despertara, como solía ser.

No llegué tan atrasada como había supuesto al parecer mi calmada conducción fue vista más apresurada ese día. Biología se me hizo eterna, cosa rara porque me gustaba esa clase, y álgebra estuvo algo complicada y en Español todo marchaba a la perfección hasta que una compañero de clase, Chad Monroe, me preguntó si me había pegado muy fuerte en la frente por lo cual estuve avergonzada. Tal vez tuve que haber permanecido más tiempo con el hielo en la cabeza. Traté de sacar unos mechones de mi coleta para taparme un poco la frente.

En el descanso le pedí a Abbie que me prestara su bebida antes de abrirla para ponérmela en la frente por un ratito. Al parecer ayudó porque cuando me la saqué apenas sentí el chichón. Estábamos con Bethany en el patio de la escuela.

-¿Y? ¿Cómo estuvo? –me preguntó Beth.

-¿Qué? –pregunté alarmada. ¿No se suponía que nadie sabía?

-Las compras con tu mamá, ¿no fue eso a lo que fuiste? –Alivio instantáneo.

-Cierto. Eso. –me miró confusa. Quería mucho a Beth pero me conocía tanto que podía saber inmediatamente si mentía o no. Bueno, rara vez alguien no se daba cuenta de que mentía (las únicas excepciones eran mis padres) por eso (y porque no me gustaba) casi nunca mentía.

-¿Y?

-Ya sabes, Mary dejó sin ropa a más de la de la población femenina de Oregon con toda la ropa que compró. –dije rodando los ojos y Beth rió.

-hablando de ese tema… -empecé a recordar que estaba un poco enfadada con Bethany -¿así que fui cambiada, remplazada y/o olvidada por unas invitaciones a un desfile de modas? –Mi amiga escupió el té que se estaba tomando, una parte del té cayó en mi cara. Arrugué el rostro.

-Escupiste en mí. –dije limpiándome el rostro con la manga de mi chaleco gris.

-Lo siento. –dijo apretando los ojos y mordiéndose el labio.

-¿Y qué ibas a decir?

-Bueno que, cambiada, remplazada y olvidada son palabras muy fuertes, ¿sabes? –la miré con mi cara de orto.

-Lo siento, lo siento, lo siento. –repitió efusivamente. –es que se veían tan… entretenidas. Pero Lott, no te enojes. ¿Siiiiii? –me miró con la misma cara de cordero degollado que hacía Mary. El mundo era tan injusto. Me reí.

-Está bien. Estás perdonada. –le dije sonriendo.

-Y como recompensa te contaré algo. Pero… mejor, mañana. ¿Ok?

-Ok. –de pronto me di cuenta de que Abbie no estaba con nosotras. –Oye, y… ¿Abbie? –si Abbie no estaba era por una única razón.

-¡Santas vacas ordeñadas! –gritó Beth recogiendo su mochila y parándose, la imité. -¡Estamos tarde!

Salimos corriendo a Literatura, por suerte Mrs. Prescott estaba atrasada y cuando llegó ya estábamos sentadas.

Las horas pasaron más rápido de lo pensado. Me di cuenta cuando ya estaba en la fila del almuerzo. Mary solía molestarme cuando pequeña por vivir en las nubes pero si antes me encontraba en las nubes, ahora estaba en Neptuno.

Ya sentada en la mesa con un pequeño grupo conformado por las mellizas, Abbie, Beth y yo.

-Chicas yo… -habló Alison y todas dirigimos la mirada a su rostro.

-¿Si? –respondimos a son todas, por lo que luego reímos. Alison se ruborizó y negó con la cabeza mirando la mesa.

-No, nada.

-Vamos Ali, cuéntanos. –dijo

-Uno, dos, tres, cuatro… -contó bajo. Beth le dio un leve empujón en la cabeza.

-No, enserio, no es nada. –no me comí la mentira, al fin apareció alguien peor mintiendo que yo.

Siguiendo en mis vacaciones en Neptuno, volví a la realidad cuando el timbre de la escuela sonó anunciando el término de la jornada escolar. Todos salieron corriendo de la sala de arte. Cerré mi cuaderno de dibujo lo más lento que pude. Cerré los ojos y respiré hondamente y me retiré.

Entré a la cafetería y no había señal de Cooper. Pensé que llegaría más tarde pero no lo hizo. No llegó. El malvado hijo de vaquita futbolera no llegó. Tampoco fue Melody.

Llegué más tarde a mi casa ya que tuve que limpiar sola. Me serví un sándwich de pan integral con quesillo y jamón acompañado por un vaso leche fría. Estudié Biología e Historia, luego escuché algo de música y cené con Justin ensalada y pollo al horno. No cenamos con mis padres porque no habían llegado y ya eran más de las nueve de la noche. Me duché y me sequé el cabello con la secadora cuando salí del baño. Luego me miré en el espejo; mi cabello era lacio, sin volumen y de un tono caoba oscuro, luego observe y toqué la piel de mi rostro para ver si había algún indicio de “enemigos rosas” aunque muy rara vez me salía alguna espinilla o algo por el estilo, tenía una piel bonita había de admitir por lo menos, por último, me revisé el chichón, que no tuvo mucho tiempo de vida por suerte. Al menos, si me peinaba de lado, mi cabello ocultaba aquel prueba de mi estupidez.

Me acosté temprano, no me costó agarrar sueño y lo único que alcancé a pensar antes de caer en la inconsciencia fue que ese día, había sido uno de esos días.

Partiendo por mi lucha con el despertador.

Siguiendo con el golpe contra la pared.

Continuando con el té escupido por Beth en mi cara.

Y terminando con que asistí sola al castigo en la cafetería.

Y como era de esperar, todo era culpa de Cooper. Lo primero porque me costó dormir por las dudas que gracias a él surgieron en mi cabeza y por el sueño en que él participó, lo segundo porque si no hubiera estado atrasada por lo primero no habría chocado con la pared, bueno, tal vez sí, pero también es su culpa que mi descoordinación empeore si soñé con el malévolo deportista; lo tercero porque si no hubiese estado castigada, no habría de mentirle a Mary y esta no le habría dado las entradas a Beth y entonces nunca hubiera habido esa conversación, y ese escupitajo; y lo último está, más que claro.

Entre mi inmenso odio, que parecía crecer día a día, y mi cómoda y tibia (gracias al calienta-cama, ya que yo suelo estar muy fría) cama me quedé dormida. Por fin, sin sueños ni pesadillas que no me dejaran descansar.

3 comentarios:

Conchi dijo...

Porfin primera... ¿sabes? eres muy ionjusta... te comento cada cap y lo minimo q me merezco esq digas "ah y a mi amiga conchi q me quiere mucho" pero ni eso xD.... bueno eso... sube pronto

gaby dijo...

hola!! me encanto:)
plis escribe pronto
me encanta cooper:D

gabiita trilliza dijo...

me encanto el cap, sorry por leerlo tarde, pero no he tenido tiempo de meterme al compu, tu ya sabes mi pana... pero voy a tratar de comentarte ams seguido, besines
tu siamesa de cadera