Breve Reseña

Una historia que tiene como protagonistas a Charlotte Copperfield y a Edmund Cooper que comparten un sentimiento mutuo, el odio. Ambos se enfrentarán a una serie de situaciones que solo podrán resolver juntos. ¿Podrán aceptar sus diferencias y sus rivalidades?

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Capítulo 4: La Fiesta Parte IV

Aquí va la 4ta parte, un beso a todas y espero que lo disfruten!!!
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-¿Ah? –Dije algo perdida en sus oj-nada.

-Que si tú, irías a una fiesta conmigo. –habló lento separando cada sílaba con una sonrisa torcida en el rostro. De seguro pensaba que era mentalmente retardada, bueno aunque no podía entender lo que pasaba en su cabeza, menos, ahora mismo. La cercanía me dificultaba un tanto la concentración, estúpidamente, claro. Tal vez fue mi idea pero no apartaba la mirada de la mía. Y su aroma, nublaba a un más mis sentidos. ¡Argh! ¡Qué rabia! ¡No podía dejar que él tuviera esa influencia sobre mí! Pero al parecer no era algo que podía evitar.

-Eh… Claro. –dije sin pensarlo, con algo de dificultad.

¡¿Por qué batidos de frambuesa se me ocurrió aceptar?! “Eh…Claro” ¿Qué jabalíes pensaba? Me vine retando todo el camino en el auto hasta llegar a mi casa. Charlotte Copperfield, ¿qué tenías en la cabeza? Tonta, tonta, tonta.

Llegué a mi casa refunfuñando, bajé rápido y de ese mismo modo subí las escaleras sin apenas saludar a Edgar ni a Stella. Al entrar a mi habitación me saqué las zapatillas y el bolso, me tiré a la cama y cubrí mi rostro con la almohada. “Paso por ti a las once y media” había dicho luego de liberarme de sus fuertes brazos y yéndose a la salida, dejándome ahí parada anonadada por mi humillante comportamiento. Con la misma almohada que ocultaba mi rostro, ahogué un grito.

Eran las once con doce minutos y todavía estaba parada, con la bata y la toalla en el pelo puesta, en frente del clóset. ¿Qué se suponía que llevara a una fiesta? El tic toc del reloj me tenía harta.

Once con quince minutos, me había lavado los dientes, puesto los calcetines (la ropa interior ya la tenía puesta hace rato), y me había peinado hacia el lado y como me duché con el cabello amarrado como un tomate, supuse que cuando me lo sacara estaría algo ondulado.

Once con diecinueve minutos, tenía puesto unos vaqueros un poco ajustados, me delineé los ojos con un marrón muy oscuro, casi negro y me puse un poco de sombra blanca perla.

Once con veinticuatro minutos. ¡¿Con veinticuatro minutos?! ¡Pelusas moradas! En solo seis minutos Cooper vendría a recogerme.

Once con veintiocho minutos. Me había decidido por mi remera gris y mi chaqueta corta de mangas largas negra. Unas zapatillas toscas de cordones negros y al desarmarme el tomate unas ondas muy poco notorias se habían formado en mi pelo.

Once con veintinueve minutos y quince segundos escuché que Edgar abría la puerta. Papá y mamá se asomaron por ella. Terminé de bajar las escaleras y los fui a saludar queriendo morir de la vergüenza.

-¡Lottie! –me saludó sorprendida Mary. -¿Y a dónde vas tan guapa?

Tragué saliva. John me miraba de una manera que ni Freddy nerdi hubiera sido lo suficientemente bueno para aliviarlo.

-Yo…

Ding dong. Edgar se acercó a la puerta y antes de abrir nos dijo.

-El señor Edmund Cooper. –y abrió la puerta.

Cooper tenía la cabeza gacha y al subirla me miró y sonrió. Arrugué el rostro, era demasiado raro el cambio de actitud que tenía.

-¡Edmund! –John sonrió y fue el primero en saludarlo.

-Buenas noches, señor Copperfield. –lo saludó desde la puerta.

-¿Pero qué haces ahí parado? Entra, muchacho. –lo animó mi padre. Abrí mis ojos, papá no era así de, como decirlo, muy abierto con las personas.

-Hola Edmund. –lo saludó Mary. –Qué bueno volver a verte.

-Lo mismo digo. –dijo con una sonrisa. –Tienen una hermosa casa. –dijo luego de echarle un rápido con la mirada.

-¿A sí que saldrás con mi niña? –Niña. Grandioso papá, gracias.

-Sí señor, ese es plan.

-Bueno, es viernes a sí que salgan a divertirse. –dijo contento. Parece que le agradaba mucho la idea, demasiado para mi gusto. Si supiera cuanto nos odiábamos el uno con el otro.

-Edmund. –dijo Mary.

-¿Si señora?

-Podrías cuidar bien de ella por favor. –le pidió con ojos amables.

-Mamá.-dije algo molesta. –puedo cuidarme sola.

-Prometo que la cuidaré, pero no se preocupe, iremos a una junta en la casa de unos amigos, un grupo chico. No la traeré más allá de las… -dejo inconcluso para que mi padre le diera una hora fija.

-Las dos y media. –completó. -¡Qué va, diviértanse, hasta un cuarto para las tres!

-Hasta un cuarto para las tres, entonces. –asintió. Luego me miró. De arriba para abajo discretamente, pero no lo suficiente para que no lo notara. Sonrió, de nuevo con esa sonrisa torcida.

-¿Vamos? –me preguntó. Claro que no.

-Claro. –y salí de la casa sin despedirme de mis padres. Tampoco esperé a Cooper, me dirigí inmediatamente al estacionamiento. Al parecer, él si tuvo la cortesía de despedirse de mis padres porque se demoró un poco en seguirme el paso. Me paré al lado de la puerta del copiloto esperando que abriera su ostentosa camioneta. Al escuchar el ruidito de la alarma abrí inmediatamente la puerta y al subirme tan rápido me pegué fuerte en la cabeza. ¡Ya va! Segundo golpe en la cabeza en la semana.

-¡Auch! –me quejé despacio ya sentada.

-Tan torpe que ni puedes sentarte sin hacerte daño. –dijo entre risas poniéndose el cinturón. Pero el cinturón se le atascó y comenzó a luchar con él. No pude evitar reírme de él.

-Bueno, tal vez yo me haga daño haciendo las cosas –admití. –Pero tú ni puedes hacer algo. –me burlé.

-No es gracioso, Copperfield. –dijo enfadado mientras seguía en su sangrienta lucha contra el malvado cinturón.

-Enserio Cooper, si estás esperando a que me aburra y me vaya haciéndote el tonto me lo puedes decir ahora y listo.

-Créeme que te lo diría pero está atascado. –di vuelta los ojos y suspiré rápido.

-Déjame ayudarte. –lo sé a mí también me extrañó esa frase. Me incliné para poder agarrar el cinturón pero mi equilibrio me falló y el cinturón se me resbaló de las manos y terminé en una mala posición en el asiento de Cooper.

-Si quieres sentarte conmigo podrías pedírmelo, no es necesario que te caigas encima de mí. –Dijo despacio mirándome a los ojos y sentí que mi corazón empezaba a l000 por hora. Agradecí que fuera de noche porque de seguro estaba más roja que la nariz de Rodolfo. No me había dado cuenta que al caerme en su regazo me había agarrado de su polera gris.

-Lo siento. –dije con el tono más prudente que pude, me sorprendió lo ronca que salió mi voz. Intenté apartar la vista de su mirada pero no pude, una fuerza mayor a la gravedad me impedía apartar la vista. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero pudieron haber sido perfectamente solo unos segundos a varios minutos.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

ay me muero TE VOY A MATAR com lo ejas hast a ahi AAAAAAAAAAAA!

gaby dijo...

me encanto escribe pronto
por que el suspenso no me
deja dormir jojo

abi ! dijo...

miley, solo tu puedes escribir y dejarme en susénso esperando a qe subas de nuevo, subir de nuevo y dejarme peor !

Conchi dijo...

No sabes cuanto entiendo a charlotte wJaajajjajajjaj me parece comiquísima la pareja que forman ed y lott Jajajajajaj. En verdad que vergüenza :/ ajajajaj no puedo parar de reír de tan solo imaginarlo

cash money dijo...

TU HISTORIA ES RE GENIAL YO SIEMPRE HHA PEENSADO QUE DEL ODIO EL AMOR HAY UN SOLO PASO.
YO TAMBIEN TENGO UN BLOG ME ENCANTARIA QUE LO VIERAS TIENE CHISMEES Y MUY PRONTO HISTORIAS.
ESTE ES EL EL LINK:
http://www.cashmoneytljzag.blogspot.com/
ME ENCANTARIA TENER TU OPINION ACERCA DE EL

gabiita triiliza dijo...

ame el cap, y que shoro lo que paso en el auto, pero ¿como lo puedes dejar asi?
que va a pasar ¿se va asalir de encima de él o no?
sube pronto
chaucha te quero

paula dijo...

dios, me super encanto, en serio no voy a poder dormir hasta leer la historia entera. cada vez la historia se va poniendo mejor.